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Lector: habrás advertido que la expresión no llega a ser oración gramatical (carece de verbo) y esboza una posible acción contenida en intención… ¿qué? ¿cuál? ¿quién es el “maestro” y cómo se escribe? ¿sólo la inicial con mayúscula, todas, o ninguna de sus letras? Varias de estas normas se menciona(ba)n en la instrucción primaria hace años y son útiles para manejar el idioma.

 

Las normas (cuales sean) regulan (lo existente) para el Bien Común. Para este, se reconocen al menos cinco aspectos como “mínimos de bienestar social”: Salud, Educación, Alimentación, Vivienda y Recreación. La Educación suele tomarse como sinónimo de instrucción y ésta, categorizarse en básica (de jardín de niños a secundaria ¿o bachillerato?), superior, etc. con lo que la especificidad de términos (y conceptos) se pulveriza. En la “esfera educativa” se han conglomerado sobre todo asuntos administrativos y laborales, y desde hace algunos años la moda han sido las reformas a los Planes de Estudio. Se está “profesionalizando” la carrera magisterial y ¿dónde quedó el servicio profesional de carrera propuesto para los servidores públicos? Parece que cada entidad federativa es tan creativa y autónoma que podríamos tener una “riqueza educativa” de al menos treinta y dos sistemas o modelos o más si consideramos las boyantes y numerosas instituciones privadas y laicas ¿se está diversificando o desintegrando la “educación”? ni en casa aparece. Para nimio ejemplo de “educación” en alguno de los Mínimos de Bienestar Social como puede ser Salud, sería saber porqué deben lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño ¿se conoce?; la instrucción es emplear ‘gel antibacterial’ ¡en un puesto de tacos callejero, donde se usa loza desechable!… ni idioma, ni higiene, ni nutrición, sí contaminación; otro más: ¿cuánta gente al estar comiendo manipula su teléfono celular, el mismo que usa hasta en el baño? ¿Educación en Salud?

 

La cercanía entre instrucción y educación les ha hecho aparecer simbióticamente al vulgo. No es así. La primera está contenida en la segunda y es producto directo de mínima Docencia impartida incipientemente en casa y formalizada en la escuela; la segunda es producto tanto de los valores familiares, de linajes paterno y materno, cuanto de la escuela y el trato en Sociedad. Así, uno de los primeros y constantes contactos del humano en formación cívico-escolar fuera de lo familiar, es con un monitor. Este instructor recibe distintos y específicos nombres, uno de los cual es el de “maestro”, siempre y cuando reúna ciertas características: Para la enseñanza de las materias de una ciencia, arte u oficio, el responsable es el docente (‘quien enseña’); si tiene donde ‘asentarse’, será catedrático. Si quien profesa o ejerce tal ciencia, arte u oficio lo enseña y es acaso único docente, será profesor. Así, aunque todos son docentes, hay catedráticos y profesores. Si el docente además del título posee méritos relevantes entre los de su casta (calidad), clase o condición, será maestro; y doctor si ha recibido el último y preeminente grado académico que confiere una universidad u otro establecimiento autorizado y es consultor en esa su ciencia, arte u oficio. Hay grado académico en licenciatura, maestría y doctorado; no en especialidad ni otros estudios. Los estudios de maestría han proliferado sobre todo por razones salariales y así, tenemos una gran población de gente joven quienes al terminar una licenciatura a continuación inmediata procuran la maestría y en algunos casos pasada la mitad del tiempo, optan por el doctorado: estudios de hasta veinticinco años seguidos (pre-escolar a doctorado), trastocando “los méritos relevantes por “nivel de estudios”. Instrucción existe ¿educación también?

 

El docente practica Docencia (por ser inclusiva, puede practicarle casi cualquiera, cuando y donde sea). Nombre, edad, género, nivel de estudios que tenga o desempeñe, casi irrelevantes en docentes, discentes y progenitores; pero dos rasgos son torales: actitud y aptitud. El primero, con “c” de carácter o de otros rasgos que inician con esa letra, es propio y cada quien es único responsable; el segundo, con “p” de poder u otros rasgos, es dado y de cultivo y desarrollo somos co-responsables (p.e. cursos de capacitación, actualización, etc.) ¿Actitud o Aptitud son Vocación? Si ésta (deriva de “voz”) es un llamado o escucha de una voz interior que reconocemos y aceptamos atender, la docente sería dejar en consciente libertad esa parte propia de sí, que será así más y se expresará más y mejor. No hacerlo genera severos conflictos y no llegará a maestro (el de méritos entre los de su condición). Nuestra felicitación a quienes lo han logrado y dan ejemplo.

 

La parte técnica del trabajo docente está en Planes y Programas de Estudio de la SEP; el marco jurídico en el Artículo 3º Constitucional. A cien años de promulgarse y elaborada por mayoría de profesores ¿muestra avances un siglo?

 

Por último, las letras pequeñas siempre son importantes: “No se dejen llamar maestro, porque uno solo es su Maestro, y todos ustedes son hermanos…” (Mt 23, 8). Directo al corazón del docente cristiano católico. En el Señor Jesús, quien practica la docencia puede descubrir el modelo de maestro. Él es pastor que conduce, guía, reprende, orienta, que da la vida por los suyos. En Jesús podemos ver el rostro de la misericordia que enseña al que no sabe y corrige al que yerra. Al Maestro, que nos ha enviado a enseñar a todos los pueblos la Verdad del Evangelio, sean nuestras últimas palabras.

 

MAESTRO: Te damos gracias por serlo y te decimos por este medio, que queremos ser tus discípulos para llamarte así con propiedad, y aunque la asignación no haya sido nuestra, Tú nos conoces, reconoces, y aceptas. Cada semana celebramos tu día, no solo hoy.

 

Siempre estás, no faltas, no omites instrucciones ni das “temas por vistos” cuando no nos hacemos presentes a tu enseñanza. Tu didáctica es prístina, generosa y amorosa. Nos enseñas a pensar sencillo, en plural y a colores. Das grandes lecciones con palabras claras que dan potente luz directa al entendimiento. No lastimas los oídos ni reprendes oprobiosamente; no hieres sensibilidades y respetas delicadamente.

 

¡Cuántas veces utilizas el lenguaje corporal para enseñar! Sabes que nos da temor emplearlo… ayúdanos a utilizarlo según tu ejemplo y corrígenos si no lo hacemos bien. Las miradas del menor, mayor o misma edad a la nuestra, denotan sutilmente si nuestra actuación es reflejo tuyo. Ayúdanos a demostrarnos, a demostrar y demostrarte que estamos educados a tu estilo.

 

Sabes que no aprendemos todo lo que nos propones; no rechazas preguntas y vuelves a explicar con amorosa paciencia y claridad. Cuando te presentamos con ánimos diversos nuestras luchas por aprehender tu Verdad y pequeñas obras no siempre terminadas, no tan comprendidas, ni comprensibles… sonríes como amigo, y eres discreto al llamar la atención: no exhibes.

 

Tú eres la Sabiduría, queremos aprender de Ti. Nuestro incipiente conocimiento, rústico discernimiento y nimia destreza al accionar, evidencian impericia y al notarla, te acercas más para conducirnos mejor. Conoces nuestras capacidades, debilidades y deficiencias generadas algunas desde etapas muy tempranas por volátil o superficial atención. Aún en “mayoría de edad”, el comportamiento infantil no es por maduración retardada, sino burdo disimulo… No nos dejes en voluntaria ignorancia; lábranos tu impronta transformadora para que al término del ciclo nuestra ‘carpeta de evidencias’ no desdiga lo aprendido contigo.

 

Tú, hasta en ésto, has querido formarnos a tu imagen y semejanza y permitido ganar así el pan. Haznos verdaderos docentes discentes tuyos, manda más operarios, que estamos atentos a tu voz: “Entiendan bien qué significa: misericordia quiero y no sacrificios; porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9; 13).

 

Por darte Tú, por todo lo dado y por dar, ¡GRACIAS, MAESTRO! ¡CON CARIÑO, MUCHAS GRACIAS!

 

Equipo DECAM