Seleccionar página

 

 

En el marco del festejo del Día del Maestro, nuestra Dimensión de Educación y Cultura les ofrece la siguiente reflexión sobre una bella etapa de la vida de los estudiantes, la adolescencia. Como sabemos, ésta es reconocida como una etapa de grandes cambios en nuestros alumnos, por ser el periodo en el  que dejan de ser niños y niñas y pasan a ser jóvenes; una etapa donde los conflictos estan a la orden del día; momentos de miles de preguntas,  con ellos mismos, con sus padres, con sus maestros, en fin con la vida misma. Sin embargo, la adolescencia es  también la etapa de la belleza, ya que todos los cambios físicos y psicológicos los hacen florecer,  es un momento en el que todos jovencitas y jovencitos, empiezan a reconocer sus dones, todo ese potencial que serán capaces de desarrollar.

Soy la maestra Elia Cydia Ayala Reyes, docente de la materia de Física por cerca de 18 años. Mis espacios áulicos han sido las escuelas preparatorias y las universidades, y curiosamente inicié está bendita profesión en un grupo de primer semestre de preparatoria. Actualmente, después de transitar todos éstos años en diversas instituciones, he podido continuar compartiendo los conocimientos de Física en el Seminario Diocesano de Morelia, en la etapa del Menor.

El ser profesor de este nivel conlleva ser el testigo de esta metamorfosis del alumno. Caminar con nuestros alumnos esta etapa es ver cómo la incertidumbre los va a llevar a conocerse y reconocerse como el joven que iniciará una vida diferente a la del niño, en donde se descubre como un ser humano camino a su plenitud. Detemiendome en el verbo reconocerse, decubrimos que esta etapa es sobre todo de auto-conocimiento y, por lo tanto, el reto para el profesor radicará precisamente en apoyarlos en aprender a reconocerse.

Querido profesor,  la tarea en esta etapa, siempre será iluminada por la pedagogía de Dios, la cual nos invita a caminar junto a nuestro alumno, a conocerlo, a vivir con ellos de cerca, a caer y levantar, a parar y a correr, a crecer con ellos en su camino, en su historia de vida… ésto, profesor, implica el ser cercanos a nuestros alumnos, identificar en ellos sus dones, sus potencialidades, a ser creativos para captar su atención, en ser guías y facilitadores en el proceso de cada uno, un gran esfuerzo, sobre todo cuando tenemos grupos numerosos y una gran diversidad de situaciones de vida de cada uno de ellos.

Como vemos, el desafío es arduo, pero la recompensa es grande, como cuando ves a estos chicos a través de los años, llegando a sus metas y siendo hombres de paz.  Para concluir, considero oportunas las palabras del Papa Francisco “Hay tres lenguajes, el de la cabeza, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos, y la educación debe ir por los tres caminos: enseñar a pensar, ayudar a sentir bien y acompañar en el quehacer, es decir que los tres lenguajes estén en armonía, que el niño, que el joven, piense lo que siente y hace, sienta lo que piensa y hace y haga lo que piensa y siente”. Para lograr esto, profesor: “conoce el lenguaje de tus alumnos”.